Entradas con la etiqueta ‘Medalla Morera’

Rosa Siré. El compromiso

miércoles, 24 de diciembre de 2014
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Rosa Siré

Rosa irrumpió en el mundo del arte casi de manera repentina. Después de las experiencias vividas en el París del 68 y del bagaje artístico alcanzado en las clases de la Escuela del Círculo de Bellas Artes de Lleida, su primera exposición individual la realizó en una de las instituciones emblemáticas de la vanguardia española de aquellos años, el Museo de Arte Abstracto de Cuenca. Con esta inmejorable carta de presentación, su constancia y su compromiso la afianzaron como una de las creadoras clave de las tierras de Lleida a lo largo de los años setenta y ochenta. Ella recogió la herencia generacional y artística de aquellos que habían desvelado la modernidad en la Lleida de los años cincuenta y construyó un lenguaje singular en el que se equilibraban el pensamiento estructurado y una dicción profundamente cromática. Un lenguaje al que no le fue ajeno la tercera dimensión al incorporar objetos y la manipulación de materiales. Sus exposiciones fueron prologadas por importantes críticos del momento (recordemos Cirici Pelllicer, Giralt-Miracle, Corredor-Matheos, el filósofo Aranguren o el escritor Guillem Viladot, entre otros). Pero la conformación de esta trayectoria no fue fácil. A las dificultades de un entorno local como el de Lleida se le añadieron las derivadas de reivindicar su condición de mujer artista en un mundo dominado por los hombres, lo que le procuró, no pocas veces, altas dosis de incomprensión cuando no de desprecio. Una lucha que hizo extensiva al reconocimiento y dignificación de su profesión, evidenciando las difíciles condiciones con las que se encontraban para desarrollar la actividad artística de una manera profesional. Un posicionamiento crítico, a veces excesivamente vehemente, que también la convirtió en una figura incómoda para muchos.

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Ernest Ibàñez in memoriam

miércoles, 30 de marzo de 2011

Ahora hacía semanas, muchos meses quizás, que no veía a Ernest, lo cual se hacía extraña, ahora que pienso, en una persona tan vital como era. Las últimas veces que nos habíamos cruzado habían sido bastante huidizas, yo con las presas que siempre acompañan el hecho de ir saltando de la preparación de una exposición a la otra y él, con la sonrisa perenne y la mirada inquieta, preguntándome por el futuro de un Museo, que ya no podrá ver. A pesar de que los años no pasan en balde, él siempre había mantenido una envidiable actividad, a pesar de que últimamente se había visto menguada por las sacudidas que la salud nos mujer. Las visitas al taller no menudeaban tanto y su producción pictórica —de una inusitada abundancia en los últimos años— se fue parando. Detrás iban quedando las horas al taller, las clases en la Escuela de Arte y las llanuras que iba llenando al ritmo de sus experiencias *autoreflexives.

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