Un hilo sobre Xavier Gosé

La vida de Gosé es un pequeño misterio, con muchas lagunas y territorios por descubrir. A diferencia de un buen número de artistas de la época, de los que nos han llegado historias, confidencias que ellos mismos han relatado, Gosé era extremadamente discreto y muchos testimonios hacen referencia a su precario estado de salud a partir de un determinado momento de su vida en París.

Un crítico del momento lo recordaba sentado en las terrazas de algunos establecimientos del Boulevard Clichy, de la Place Pigalle, frecuentado por las prostitutas de lujo, “con el carné de notas en la mano, captando una línea, un movimiento de caderas, un vuelo de falda de la que bajaba de un coche, y que después él incluiría en uno de sus dibujos a los que pondrían la leyenda los redactores de los semanarios.

En sus inicios, la falta de dinero y, por consiguiente la falta de modelo, le obligaba acudir en estos escenarios de lujo o a talleres ambulantes que le permitían, con su máscara mundana, capturar el mundo de los snobs y la prostitución de lujo.

Para conocer la vida de Gosé hay que hacer también referencia a la amistad con Isaac Albéniz y su hija Laura, en la casa en la que siempre encontrará un entorno amable donde refugiarse y soportar la enfermedad que años más tarde lo llevaría a la muerte. Contaba Manolo en sus memorias: “Una vez, en el curso de una mi visita, encontré en casa de Albéniz al pobre Xavier Gosé, enfermo. La tuberculosis la había tocado y se había refugiado en la casa amiga. Albéniz tenía cuidado con una dulzura de santo. […] “.

Por mediación de Albéniz, Xavier Gosé trabó amistad con los Martínez Sierra, un matrimonio de escritores y dramaturgos. De esta nueva relación con el matrimonio Martínez Sierra saldría la edición ilustrada del libro La feria de Neuilly, sensaciones frívolas de París de Gregorio Martínez Sierra, publicada en 1906, obra que sería traducida al catalán por Santiago Rusiñol y editada en Barcelona por el editor Antonio López al año siguiente. Gosé hizo la cubierta y en su interior incluyó quince dibujos y ocho láminas que acompañaban la prosa modernista del autor.

María Lejárraga, esposa del Martínez Sierra, recordaría la figura Gosé: “visitámosle varias veces en super celdilla de la calle Campagne Première (…) que estaba en orden porqué él, no sabiendo soportar la suciedad ni el desconcierto, se imponía el trabajo suplementario de arreglarla y limpiarla, pero ¡era tan pequeña y desnuda, desprovista de la más elemental comodidad.

De comer, no se hable. Como no tenía dinero para pagar modelos, y le agradaba dibujar elegantes mujeres parisienses, gastaba sus escasos francos en una taza de camomille en algún restaurante o café de gran lujo, y allí copiaba perfiles y galantes actitudes de las damas de noche que iban y venían buscando clientela. Y aquella manzanilla era tal vez lo único caliente que entrara en su cuerpo en el espacio de veinticuatro horas”.

Por causa del estallido del conflicto bélico de 1914 y, al mismo tiempo, para reponerse de la enfermedad de la tuberculosis, Gosé volvió a Lleida de donde era originaria su familia para reencontrar a su madre, la viuda Fortunata Rovira. Ninguno de los remedios curativos para combatir la temible tisis pulmonar anunciados en la prensa lo salvó, y Gosé moría en marzo de 1915 con sólo 38 años de manera silenciosa.

 

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