En memoria de Víctor Pérez Pallarès

Se ha ido casi sin darnos cuenta de ello, con su presencia discreta y aquellos ojos que aún brillaban curiosos. Víctor se ha ido como siempre ha vivido, firme en su trabajo diario comoartista y atento a la ilusión que le aportaban las personas de su entorno, especialmente los más jóvenes, a quien conducía por los caminos de la creación.

Se va uno de los referentes de la plástica leridana del siglo XX; se va uno de los pocos testimonios que nos quedaban de una generación fundamental para la conformación de la cultura artística en Lleida. Por eso hablar de Víctor es hablar de un momento histórico en el que en la ciudad estallaron las inquietudes liberadoras de toda una generación de artistas, en un contexto más general de recuperación del ejercicio libre de la creatividad artística en nuestro país. La afirmación de contemporaneidad protagonizada por el Grupo Cogul, del cual fue uno de sus miembros, se convirtió en la demostración palpable de la existencia en Lleida de otro arte; un arte lejos de las posiciones inmovilistas y conformistas que imperaban en ese momento y que conectaba con el desarrollo de la vanguardia en Cataluña. Su generación es la de los descubrimientos de Lluís Trepat, las de Ernest Ibáñez y la de los compañeros Jaume Minguell, Albert Vives, Albert Coma Estadella y Ángel Jové, entre otros.

Pero, ¿qué distinguía el trabajo de Víctor?, ¿cuál era su singularidad? En Victor aportó otra vía de acceso al mundo de la no figuración en la que destacaba como rasgo característico un cierto componente expresivo, seguramente heredero de sus contactos privilegiados con uno de los maestros del arte catalán de este siglo, que es Josep Maria de Sucre. De hecho, del conjunto de artistas vinculados a la abstracción en Lleida, fue el más expresionista, el más “explosivo” o “llamativo”, en palabras de sus contemporáneos. Pero si hay que destacar en la obra de Pallarès un aspecto por encima de los demás es su producción resultante de la aplicación de las técnicas del grabado. Como escribí en el catálogo editado con motivo de la exposición retrospectiva que el Museo de Arte Jaume Morera le dedicó en 1998: “Es ésta una dimensión que lo proyecta como uno de los pocos pintores-grabadores o, en su mejor caso, grabadores-pintores catalanes que realizan una aportación singular a la cristalización de las nuevas vías expresivas de la vanguardia, a partir del soporete tradicional de las técnicas de estampación. Sus grabados lo sitúan como uno de los principales grabadores del informalismo catalán, en una cronología paralela a los grabados de Antoni Clavé, de Hernández Pijuan y de las maculaturas de Tharrats “. Un trabajo que encontraría continuidad posteriormente con obras pictóricas que incidían en su vertiente más expresiva, en la recreación colorista de figuraciones en las que la huella abstracta estaba plenamente integrada, que iría alternando con una producción de grabados, que ilustran su conocimiento profundo de las técnicas del aguafuerte.

No podemos dejar de destacar la importancia que alcanzaron en su trayectoria la obra mural, una dedicación que, como la de algunos de sus compañeros, especialmente Lluís Trepat y Jaume Minguell, centraría buena parte de su dedicación profesional, o también la de su obra cartelística, que le proporcionó muchos éxitos, especialmente en la Fiesta Mayor de Lleida.

No puedo dejar tampoco de citar dos circunstancias que lo vinculan directamente con el Museo de Arte Jaume Morera. Por un lado, la Medalla Morera, el único artista que la ganó dos veces, en 1963 y en 1972, cuando lo que se galardonaba eran obras y no trayectorias. Ambas pinturas forman parte del conjunto de su obra en el fondo del Museo, institución que dirigió desde 1975 hasta 1983. Pallarés, que fue el primer director del Museo en democracia, se responsabilizó de la puesta en marcha del ente en el antiguo convento del Roser, velando que la reanudación fuera un éxito y se llevara a cabo con las mejores garantías.

Víctor se ha ido sin que nos dieramos cuenta de ello. Quedan sus obras y su recuerdo perenne, el de un creador que hizo del arte uno de los ejes de su vida y el de una persona, sencilla y cercana, que no olvidaremos.

Jesús Navarro Guitart
Director del Museo de Arte Jaume Morera

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