Rosa Siré. El compromiso

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Rosa Siré

Rosa irrumpió en el mundo del arte casi de manera repentina. Después de las experiencias vividas en el París del 68 y del bagaje artístico alcanzado en las clases de la Escuela del Círculo de Bellas Artes de Lleida, su primera exposición individual la realizó en una de las instituciones emblemáticas de la vanguardia española de aquellos años, el Museo de Arte Abstracto de Cuenca. Con esta inmejorable carta de presentación, su constancia y su compromiso la afianzaron como una de las creadoras clave de las tierras de Lleida a lo largo de los años setenta y ochenta. Ella recogió la herencia generacional y artística de aquellos que habían desvelado la modernidad en la Lleida de los años cincuenta y construyó un lenguaje singular en el que se equilibraban el pensamiento estructurado y una dicción profundamente cromática. Un lenguaje al que no le fue ajeno la tercera dimensión al incorporar objetos y la manipulación de materiales. Sus exposiciones fueron prologadas por importantes críticos del momento (recordemos Cirici Pelllicer, Giralt-Miracle, Corredor-Matheos, el filósofo Aranguren o el escritor Guillem Viladot, entre otros). Pero la conformación de esta trayectoria no fue fácil. A las dificultades de un entorno local como el de Lleida se le añadieron las derivadas de reivindicar su condición de mujer artista en un mundo dominado por los hombres, lo que le procuró, no pocas veces, altas dosis de incomprensión cuando no de desprecio. Una lucha que hizo extensiva al reconocimiento y dignificación de su profesión, evidenciando las difíciles condiciones con las que se encontraban para desarrollar la actividad artística de una manera profesional. Un posicionamiento crítico, a veces excesivamente vehemente, que también la convirtió en una figura incómoda para muchos.

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La llegada de la democracia por la que luchó, la que debía procurarle un nuevo entorno para su proyección, la situó, a ella y a los artistas de su generación, en una posición subordinada dentro del panorama artístico, que apostaba entonces casi con cierta urgencia por el arte más emergente y los nuevos medios alternativos. Pasaron de repente de ser jóvenes promesas a ser artistas no-jóvenes que trabajaban sobre soportes tradicionales. Sin quererlo, habían llegado tarde. Sin embargo, persistieron. Y esta es una de las claves para entender a los artistas de esta generación y, especialmente, a Rosa: su tenacidad y rigor para con su trabajo. Una cualidad que se mostró en toda su dimensión en tres muestras individuales. La primera, cuando “sorprendió” el mundo artístico, con la exposición “La otra luz” (La Caixa, 1994, Lleida). Una exposición que mostraba el grado de madurez alcanzado por su obra, que no rehuía al mismo tiempo el riesgo y la experimentación. La segunda, la que le rindió el Museo de Arte Jaume Morera (2001) con motivo de la concesión de la Medalla Morera. Sin dejar de lado la crítica de unas bases del premio desfasadas, Rosa entendió que la exposición y la publicación que acompañaban el premio le proporcionaban una inmejorable oportunidad para hacer balance del trabajo hecho y ponerlo al alcance del público en toda su dimensión. Desgraciadamente, al reconocimiento oficial en Lleida —que le llegó tal vez demasiado tarde— no le siguió el externo, especialmente el de las instituciones de Barcelona, que a menudo han descuidado la os creadores del territorio. Y la tercera es la muestra “Transposiciones”, celebrada en el Instituto de Estudios Ilerdenses en 2011, donde reafirmó de nuevo su vocación para reivindicar la investigación y la experimentación artística.

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Rosa nos ha dejado. Queda el recuerdo de las cosas vividas con ella, pero éstas, como sucede a menudo, terminarán por diluirse con el tiempo. Afortunadamente quedan sus trabajos y sus obras. Ella lo entendió así cuando facilitó que el Museo adquiriera un núcleo importante de sus trabajos y quiso ampliarlo, generosamente, con una donación de obra grabada. Disponemos pues de una excelente representación de su obra para incorporarla a los discursos generales del Museo sobre el arte del siglo XX en Lleida y para proyectar su trayectoria en el lugar que le corresponde en contextos más amplios. Este es nuestro compromiso, que necesitará el de muchos otros.

Jesús Navarro

reproducido en el Diario La Mañana (21/12/2014) y en el Diario Segre (22/12/2014)

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