Caricaturas? de NIKO

NIKO

NIKO

El día 6 de noviembre la asociación cultural Res Non Verba presentó en Lleida una exposición dedicada al dibujante Nicolás Martínez Lage, más conocido por el apodo de “Niko”. Un creador muy singular, definido por aquellos que lo llegaron a conocer como un personaje amable, irónico, bohemio e ingenioso, con una apariencia estirada, a la manera hierática de un Buster Keaton, y que, desgraciadamente, es desconocido por gran parte del público de la ciudad, aunque en su momento gozó de presencia en los círculos artísticos y fue muy reconocido por buena parte de las personas que poblaron y caracterizaron la vida social de la Lleida de posguerra, muchos de los cuales conformaron su personal galería de retratados.

Nacido en la Coruña el 1899, Nicolás Martínez Lage se trasladó a vivir a Lleida siendo muy joven, allá por el año 1920, y bien pronto se convirtió, con sus caricaturas personales, en un colaborador gráfico habitual de la prensa local. Aunque odontólogo de profesión, su faceta creativa se desplegó con toda su fuerza a lo largo de los años 40 y 50, conectando con una larga tradición de dibujantes del humorismo gráfico español. Niko participó a lo largo de su trayectoria en numerosas exposiciones de caricaturistas y fue un miembro destacado de la Asociación Vanguardista Hispana de Caricaturistas Personales, creada en Madrid en 1954 por Luis Lasa.

Es por eso que el primer concepto que se apunta al hablar de Niko es el de caricatura. Pero hay que tener cuidado. En su caso, seguramente influido por el contacto directo que tuvo con los artistas de la vanguardia local y a una rica cultural visual e intelectual, la caricatura se fue desnudando progresivamente de los elementos gráficos que subrayaban la interpretación del personaje representado en clave humorística. En este sentido, hablar de caricatura respeto la obra gráfica de Niko deja de tener sentido a medida que se produce esta evolución.

Si la caricatura busca ridiculizar o satirizar el personaje retratado mediante la exageración o deformación de algunas de sus facciones, sus dibujos apuntaban hacia otra dirección, hacia la representación de la esencialidad del personaje a partir de la simplificación y la economía de las formas, una operación que lo llevó en alguna ocasión a soluciones casi abstractas. Los retratos de Niko, sus “carigrafías” —término que él usaba para definirlos— buscaban capturar la realidad interior y exterior del personaje en una única imagen referencial, que iba más allá del parecido físico, para llegar a fijar su caracterización atemporal y definitiva. Niko apelaba a aquel sustrato visual que queda del personaje en la memoria colectiva y que reconocemos inmediatamente al verlo en los trazos mínimos inventados por Niko, con una sabiduría que, como bien calificaba el profesor Eliseu Trenc “tiene algo que ver con la exploración mágica de un subconsciente colectivo y su plasmación gráfica”. No es extraño que estas carigrafías fueran definidas por el propio autor como “comprimidos psicográficos, improntas emocionales e indelebles del personaje que perduran”.

Este sentido referencial mínimo se revela en toda su plenitud cuando los personajes retratados son personajes famosos que forman parte de nuestra cultura visual. En este caso no existen relaciones directas ni emocionales respecto al retratado: es él ante un rostro (normalmente una fotografía) que transforma mágicamente en el papel. Desfilan políticos, actores, artistas, escritores, profesionales, deportistas, y un largo etcétera de personajes que le sirven de base para su radiografía gráfica. Buena parte de este colección de ilustres personajes es precisamente la que fue donada en 1989 por sus hijos al Museo de Arte Jaume Morera y que ahora, a partir de una cuidadosa selección, se presenta en esta exposición.

Jesús Navarro
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