La adquisición de obra: una manera de recuperar e impulsar nuestro patrimonio

Lamolla

Hace pocos días la prensa se hacía eco de dos relevantes noticias para el mundo del arte y la cultura de nuestro país. El MNAC anunciaba que acababa de comprar un dibujo del pintor Joaquim Mir por valor de 40.000 €, una pieza de importancia histórica y gran calidad artística que viene a complementar la emblemática obra “La catedral de los pobres” del mismo artista, que se exhibe también en este museo. Y, recientemente, el Ayuntamiento de Lleida ha adquirido con destino al Museo de Arte Jaume Morera una pintura del artista leridano Antoni Garcia Lamolla, “El espectro de las tres gracias dentro de la aura sutil”, por valor de 60.000 €, una de las obras más importantes de la etapa surrealista de su autor y también una de las mejores manifestaciones de este movimiento de vanguardia en nuestro país. Con estas adquisiciones ambos museos recuperaban piezas importantes del patrimonio artístico catalán y enriquecían sus colecciones alrededor de dos momentos decisivos del arte del país, el modernismo y el de las vanguardias de los años treinta respectivamente. Estas dos operaciones pero han recibido un tratamiento diferenciado. La segunda operación, a diferencia de la primera que ha merecido elogios, ha sido motivo de una cierta polémica en Lleida, al cuestionarse el gasto y su oportunidad en unos momentos como los que estamos viviendo.

Ante estos hechos, es lógico que nos preguntemos sobre la responsabilidad de las administraciones públicas en aquello que se refiere al patrimonio cultural y como tiene que afectarles la crisis en su actuación. Por un lado, las administraciones tienen que cumplir con el precepto constitucional según el cual entre sus obligaciones se encuentran la conservación y protección del patrimonio cultural así como su incremento, o dicho de otro modo, la adquisición de bienes culturales. En este sentido, el Ayuntamiento de Lleida ha merecido el reconocimiento del mundo cultural por mantener desde hace más de 10 años una política activa de adquisiciones que, aunque modesta —60.000 € anuales— comparada con la otros museos públicos (el MNAC dispuso al 2010 de 687.000 € y el MNCARS de Madrid se gastó este año en ARCO 800.000 €), ha permitido hacer frente a su responsabilidad respeto el patrimonio artístico y el apoyo a sus creadores a través de las respectivas propuestas de adquisición, efectuadas en años alternos, por el Museo de Arte Jaume Morera y el Centro de Arte Panera.

Pero con el estallido de la crisis, la mayor parte de los museos han sufrido una disminución considerable de sus presupuestos en el contexto de reducción y redistribución de recursos de las administraciones. Una de las funciones más afectadas por la contención del gasto público en los últimos años ha sido precisamente la política de compras del Museo de Arte Jaume Morera, durante los cuales no ha realizado ninguna adquisición. Sí que hemos conseguido algunas donaciones de obra, la del pintor Gili y Roig, además de recibir recientemente el depósito de la colección de la Asociación de Artistas Visuales de Cataluña, que incluye obras de Tàpies, Rafols Casamada, Hernandez Pijoan, Jaume Plensa o Antoni Muntadas.

Pero enterados de la salida al mercado de la obra de Lamolla, por la cual habían mostrado también su interés al adquirirla importantes museos del estado, como el Reina Sofía, además de algún coleccionista privado, el Museo orientó sus esfuerzos para que la obra pudiera quedarse en Lleida, entendiendo que la obra es un referente patrimonial de primer orden de uno de nuestros creadores más importantes y que había que dar cumplimiento a una de las prioridades básicas de nuestra política de adquisiciones: tener muy bien representada en los fondos del Museo la obra de la generación de creadores más internacional de la ciudad, conectada con la actualidad artística nacional e internacional.

La decisión era comprar o perder la obra. En el mejor de los casos la pieza podía ir a parar a algún museo público de fuera de Cataluña, como ya ha pasado con muchas de las obras de este periodo del arte catalán, un hecho que siempre se le ha reprochado a las instituciones museísticas catalanas. En el peor, a alguna colección privada del extranjero, situando la obra otra vez fuera del ámbito público y haciendo muy difícil su recuperación futura. Era ahora o quizás nunca. Así pues, desde la dirección del museo propusimos la compra de la obra, aprovechando el deseo de los propietarios que la obra se quedara en Lleida prioritariamente, un hecho que además ha permitido adquirirla a un precio final por debajo del precio de mercado y de alguna de las ofertas que han recibido.

La decisión del Ayuntamiento, pues, no ha sido tomada de una manera arbitraria, como parece deducirse de algunas de las criticas. Es fruto de la propuesta técnica de la dirección del Museo, razonada y meditada cuidadosamente a la vista de su importancia y de su coste, con la mirada puesta en el futuro y en aquello que tiene que singularizar y dar relevancia a las colecciones del museo de arte de la ciudad. Entendemos que los esfuerzos actuales efectuados en la recuperación y preservación en Lleida del patrimonio artístico de una época y de una generación del arte catalán, a pesar de las dificultades actuales, nos permitirán decir que Lleida sí supo conservarlo para sus ciudadanos y para las generaciones futuras.

Jesús Navarro

publicado en el diario Segre 18/08/2012

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