La Fiesta Mayor de 1912

De entre las fiestas mayores del siglo pasado destaca con luz propia la de 1912, año en que se produjo una feliz coincidencia al celebrarse destacadas manifestaciones de carácter cultural y artístico protagonizadas por lo mejor de los intelectuales y creadores locales, mezcladas con aquellas otras de cariz más popular. Más allá de los actos invariables, como el tradicional pregón, los oficios religiosos, las firetes, los fuegos artificiales, la feria de ganado, el reparto de panes a los pobres y los desfiles de gigantes y cabezudos, aquel año destacaron algunos elementos que conferían en la fiesta un carácter de excepcionalidad y de plenitud artística. Para empezar, la fiesta fue anunciada por un cartel de Xavier Gosé, el gran ilustrador leridano, que entonces triunfaba en París. El cartel creado para la ocasión se adaptó plenamente al encargo y, lejos del decadentismo refinado que caracterizaba su obra parisina, respiraba un cierto tono folklorista convencional representado por una mujer ataviada con un vestido negro con decoraciones florales, que muestra delicadamente una garlanda de flores. Debajo y dentro de una corona de hojas de laurel que rodeaba el escudo de la ciudad se relataba el programa de fiestas.

Destacaba, en primer lugar, la exposición de arte de artistas leridanos que se inauguró el día 11 en los salones del Ayuntamiento de Lleida y que reunió no sólo en la práctica totalidad de los artistas autóctonos sino también a las grandes figuras de la diáspora leridana como Jaime Morera, Xavier Gosé, Baldomer Gili y Antoni Samarra. Le seguía el homenaje al poeta leridano Magí Morera, significado públicamente por el desfile de sombreros que colocó el día 14 una lápida conmemorativa en el campanario de la Seo Antigua —un acto de afirmación cívica y de reivindicación del monumento— y por la edición de números extraordinarios conmemorativos del homenajeado por parte de la prensa local. Seguidamente, el concierto anunciado de los músicos leridanos Ricard Viñes y Enric Granados, que finalmente no se pudo celebrar al caer enfermo este último, impidiendo su traslado desde París. La pareja de cartel de Viñes, que ofreció un concierto sublime, fue el músico Emili Pujol, que sorprendió agradablemente el público con su guitarra. Junto a estos acontecimientos artísticos, disfrutaron también de igual remarca al cartel las “*corridas de Toros”, que se sucedieron en el marco de las fiestas en número de dos o tres hasta el 1916, la fiesta del pescado que, desde el año anterior, organizaba la Sociedad de Pescadores lanzando como semilla al río una cantidad de truchas concedidas por el Estado de la mano de los escolares de la ciudad, y la fiesta de aviación con el concurso del aviador francés Leoncio Garnier, acto que finalmente no se celebró “oficialmente”, también en este caso, por enfermedad. La causa posiblemente tenga que buscarse no sólo en el percance del año anterior al sufrir un accidente el aviador al inicio de su demostración —que reparó meses después con una completa exhibición—, sino también en las dificultades de hacer efectivo el cobro de sus honorarios. Finalmente hay que hacer mención de los Juegos Florales que tuvieron por presidente-mantenedor al poeta Joan Alcover.

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