“Lleida 1912. Memoria de una exposición de arte”

Del 26 d’abril al 9 de setembre de 2012

Salas de la Paeria. 1912

Ahora hace cien años que Lleida celebró la Exposición de Arte en el marco de las Fiestas de Mayo de 1912. Una exposición que, con el tiempo, se ha convertido en clave para entender la vida artística y expositiva de la Lleida del cambio de siglo y comprender el desarrollo del fenómeno artístico local inmediatamente posterior. En primer lugar, hay que decir que esta muestra fue la primera gran exposición colectiva de artistas leridanos, un hecho que pone de manifiesto la existencia de una incipiente actividad artística en la ciudad, tanto de recursos formativos como de su expresión pública a través de exposiciones, concursos o iniciativas similares, muchas de las cuales se habían celebrado hasta entonces en escaparates comerciales de la ciudad. Si bien la Exposición de Arte no fue la primera que se celebró a los salones de la Paeria, sí que fue el primero gran acontecimiento colectivo de carácter artístico que quería hacer visible con una cierta solemnidad y amplitud el panorama artístico leridano, no sólo a partir de los artistas locales, sino también de aquellos otros que forjaron su trayectoria lejos de la ciudad, forzados por las circunstancias y la carencia de recursos formativos y profesionales en Lleida.

Artistas noveles o amateurs como Josep Álvarez, Maria Morera, Francesc Pallàs o Carmen Permanyer, compartieron espacio con las grandes figuras del arte leridano del momento como Jaime Morera, Xavier Gosé —quién elaboró el cartel de las fiestas mayores—, Baldomer Gili i Roig, los hermanos Alsina, Manuel Villegas o el discutido Antoni Samarra, entre otros. Los acompañaba un grueso muy importante de artistas que desarrollaban su actividad en un ámbito más local, como Carles Mostany, Carles Perelló, Joan Bergós, Francesc Borràs, Borràs Perelló, Borràs Vilaplana, Lluís Botines, Prudenci Murillo o Pere Corberó. El grupo se completaba con una serie de artistas fuerza interesantes pero menos conocidos a nivel general —Antònia Farreras, Josep Martí Garcés, Tomàs Boix o Lluís Lladó, entre otros—. Un total de 219 obras correspondientes a 29 artistas, que querían poner de manifiesto que el territorio leridano no era el desierto que muchos habrían podido sospechar. Una realidad diversa que desgraciadamente resultaba prácticamente desconocida para la mayoría de la población.

Y directamente relacionado con este hecho hay que destacar, en segundo lugar, las consecuencias tangibles que se derivaron de este acontecimiento artístico. Por un lado, el crecimiento más que notable de la actividad expositiva a partir de 1912, con más de 58 exposiciones en la ciudad de Lleida hasta llegar a la Guerra Civil, que contrastan vivamente con las celebradas los 25 años anteriores —apenas una decena. En este sentido, la muestra de 1912 acontece un punto de inflexión clave en cuanto a la actividad expositiva local. Por otro lado, la solución más efectiva para combatir la carencia de conexión entre los artistas y su público, señalada ya por los mismos promotores de la muestra, fue la reivindicación de un equipamiento permanente específicamente concebido para acoger acontecimientos de carácter artístico, una iniciativa que finalmente se concretaría el 1915 con la creación del Museo de Arte de Lleida, el futuro Museo de Arte Jaume Morera.

Ahora hace cien años de la celebración de la muestra y, hoy, como ayer, es necesario reivindicar nuevamente el museo, una institución que, a pesar de las dificultades, juega un papel fundamental en la conexión entre los artistas y su público y en la formación y educación de las personas desde la cultura visual y artística.

Jesús Navarro

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