Centenario Ton Sirera

Autoretrato, 1964. Ton Sirera. © Arxiu Ton Sirera

A pesar de no ser incluido en la nomina tradicional de la generación de Josep Maria Casademont, Francesc Català-Roca, Ricard Terré, Xavier Miserachs, Ramon Masats, Oriol Maspons o Joan Colom —todos más jóvenes que él—, Ton Sirera (Barcelona, 1911 – Lleida, 1975) es uno de los fotógrafos capitales de la Cataluña del siglo pasado y un elemento imprescindible sin el cual no es posible acabar de entender uno de los momentos más dulces de la fotografía catalana, aquella que se produce a lo largo de los años 50 y 60. Es muy probable que este olvido respecto a una de las trayectorias creativas más singulares tenga que ver con la condición periférica que le otorgaba su residencia en Lleida —una circunstancia que ya habían sufrido y continúan sufriendo otros creadores leridanos— y el hecho que una gran parte de su obra se vinculara estrechamente con el paisaje y la vida de las gentes de la Cataluña interior y no con los de la metrópoli catalana.

Esta mirada distinta, centrada en el territorio y sus paisajes, encontró su culminación en el proyecto editorial de Catalunya Visió, un proyecto realizado conjuntamente con Josep Vallverdú, inspirado por la tradición geográfica catalana, a medio camino entre las descripciones de las monografías comarcales y las aportaciones literarias y visuales de sus autores. Así, los volúmenes de la publicación, desde un punto de vista objetivo, reflejan un país que, lejos de esencialismos intemporales, está experimentando la transición entre una sociedad catalana agraria tradicional y una sociedad cada vez más urbana e industrializada. En este sentido constituyen una fotografía precisa de un tiempo y de un momento de cambio. Pero las fotografías y los textos no sólo hablan de la realidad desde un punto de vista descriptivo sino que se sumergen en ella y se confunden. Y este es otro elemento que lo vinculaba con la vanguardia fotográfica barcelonesa, con su obsesión para distanciarse de la fotografía de estudio, excesivamente compuesta y vinculada a un concepto pictorialista de la fotografía, reivindicando una fotografía viva y social —a pesar de que en el caso de Ton Sirera las escenas de la vida urbana barcelonesa serán sustituidas por las rurales de los pueblos de las comarcas catalanas.

          

Roba estesa. © Arxiu Ton Sirera                                 Carrer Major de Lleida,  © Arxiu Ton Sirera

          

Vista des del Catell de Barberà.  © Arxiu                  Prop d’Ulldemolins.  © Arxiu Ton Sirera
Ton Sirera

Pero, seguramente, hay que apuntar como causa más probable de esta omisión persistente la dificultad para encasillar una personalidad creativa polifacética como la que mostró Ton Sirera. Porque Sirera no sólo participó de esta nueva manera de entender y captar la realidad de la nueva vanguardia fotográfica, sino que afianzó una clara vocación experimental, que lo acabó para situar como uno de los pioneros de la fotografía abstracta en nuestro país y como uno de sus cineastas más singulares. En este sentido, sus macrofotografías, al aislar las cortezas de los árboles o los líquens de las rocas, y las visiones aéreas captadas desde su avioneta, són dos procedimientos, en apariencia opuestos, que quedan definitivamente asociados a la fotografía abstracta en nuestro país, de la cual fue uno de sus exponentes más destacados. Esta vertiente creativa de su trabajo no puede disociarse, de hecho, de su interés para explorar las posibilidades informalistas de la imagen fotográfica, de manera paralela a la pintura.

Sin título, 1959. Ton Sirera. © Arxiu Ton Sirera

Pero Sirera también experimentó con la creación de imágenes en movimiento. Y como en el caso de su trabajo fotográfico, exploró las posibilidades del cine documental —aquel relacionado con una mirada singular sobre la realidad— así como también aquel otro más experimental vinculado a la abstracción fílmica con una serie de obras sorpresivas que enlazan con el automatismo expresivo de la pintura gestual y las calidades matéricas del informalismo y con un cierto conceptualisme.

Pintura 62-63. Ton Sirera. © Arxiu Ton Sirera

Todo ello, conforma una de las trayectorias creativas más singulares en el campo de la imagen a nuestro país, no suficiente conocida y que hay que reivindicar como uno de los activos de nuestra cultura visual.

Jesús Navarro

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