Lamolla: el otro centenario

En el año 2010 se celebra también el centenario del nacimiento de uno de los personajes más desconocidos del arte del siglo XX en nuestro país: Antoni Garcia Lamolla.

Lamolla en su estudio

Hasta ahora, ha sido una práctica común, en el momento de abordar la trayectoria y obra del artista, referirse casi en exclusivitat a su obra surrealista. Pero más allá de las importantes referencias, que subrayan de manera muy acertada la transcendencia que asumió esta obra en el marco de la vanguardia histórica, pocas cosas más se han dicho. La mayor parte de los textos acaban con breves referencias a su exilio en Francia. Poco bagaje teniendo en cuenta que Lamolla murió en el año 1981 y que su retorno normalizado a España no se produjo hasta la década de los setenta. En este sentido parece como si el exilio fuera una especie de limbo temporal, carente de qualquier tipo de interés. Una situación que le ha condenado a un doble silencio: el de aquellos hombres y mujeres que como él tuvieron que atravesar los Pirineos y emprender una destierro prolongado, aislados en la distancia, y el que ahora, con el paso de los años, no hemos sido capaces de romper para intentar recuperar con toda normalidad una pequeña parte de nuestra cultura, que es la de nuestros exiliados.

Si la obra del pintor ya era bastante conocida, al menos en lo que respecta a la obra surrealista realizada a finales de los años treinta, conocer su itinerario vital se revela como una experiencia cautivadora. Compartir sus desvelos por romper los límites estrechos que imponía una cultura pairal y conservadora como la de la Lleida de aquel momento a la entrada de la modernidad,  asistir a su actividad vinculada alos grandes círculos artísticos del país, donde se mezclaban con normalidad los nombres de Miró, Dalí, Picasso, Garcia Lorca, Eluard, J.V. Foix o Sebastià Gasch, los de sus compañeros Cristòfol, Crous y Viola o los de otros artistas como Esteban Francés y Remedios Varo, o la de aquellos otros que conoció en Madrid, Juan Ismael y Maruja Mallo, las actividades o las veladas lúdicas y creativas de ADLAN, las grandes exposiciones en Barcelona, Madrid, Tenerife o París; todo un mundo mítico y estimulante, lleno de novedades y de posibilidades, que se rompió por el estallido de la Guerra Civil. Pero Lamolla no flaqueó. Dió pruebas de su compromiso cívico y político con la libertad en una sociedad inmersa en un conflicto fratricida y no dudó ni un momento en apoyar a los más débiles, poniendo su arte al servicio de una sociedad más justa. Su implicación con los libertarios en Lleida no le impidió tampoco ejercer una decidida labor en pro del salvamento del patrimonio artístico, mayoritariamente arte sacro, de las comarcas de Lleida y del vecino Aragón. Sino al contrario, reafirmaron su carácter ferreamente independiente y la fuerte convicción en unos valores plurales y abiertos, contrarios a tota clase de violencia.

Lamolla junto a su obra Carmen

Condenado al exilio como muchos de sus compatriotas, Lamolla atravesó la frontera de los Pirineos e ingresó en el campo de internamiento del Barcarès, y poco después soportó las penalidades de la ocupación alemana de Francia. Un mundo de sufrimientos y de miserias que Lamolla superaría con el paso de los años. Instalado en la población francesa de Dreux, después de la liberación, Lamolla haría de la pintura su medio de vida. Fuertemente condicionado por la precariedad y las difíciles circunstancias, su trayectoria artística se desarrollaría en diferentes direcciones. A pesar de observarse una continuidad en su obra surrealista —aunque ahora con un registro sensiblemente diferente, mucho más oscuro y trágico—, aparece también una obra de carácter simbólico, con un marcado y denso expresionismo pictórico y gráfico, en el que están muy presentes la iconografía cristiana y la referencia a la figura del Quijote, de gran predicamento entre los intelectuales y artistas españoles en el exilio. En esta renovada actividad, no sería menos importante su colaboración gráfica con muchas publicaciones del exilio cultural, independientemente de la ideología de la que eran portavoces, aunque con una especial predilección por las de signo libertario.

Pero las difíciles condiciones de vida de los exiliados españoles durante la posguerra en Francia y la incomprensión que causa su obra entre determinados círculos artísticos con los que se relaciona fuerzan no sólo su alejamiento personal de éstos, sino que cada vez adquieran más importancia en su producción el paisaje y la naturaleza muerta, llegando a ser uno de los paisajistas más reconocidos del país vecino.

En este sentido, la personalidad y la trayectoria artística de Lamolla devienen paradigmáticas de toda una generación de artistas comprometidos con la libertad y la lucha antifascista, y que motivó su exilio; una situación de alejamiento que provocó, finalmente, el hecho que, durante muchos años, su contribución fuera ignorada y que las aportaciones realizadas desde el exilio quedaran relegadas al olvido.

Este año se celebra el centenario de su nacimiento, una efeméride que habría de servir para reparar esta situación e incidir en la recuperación completa de la trayectoria de un artista clave de nuestra historia.

Jesús Navarro

Artículo publicado en el diario Segre (12/10/2010)

____________________

.

Etiquetas: , , , , , , , , ,

Deja un comentario